lunes, 11 de julio de 2011

Hades


Expiración, ultimación, extinción,
Óbito, defunción, término,
Aniquilamiento, trance, fin,
Finamiento, partida, jornada,
Ruina, fallecimiento, transito,
Caída… estoy llegando,
Nacer…


Juan Osmar Leguizamón       

martes, 5 de julio de 2011

¿Con quién desquitas tu ira?

Te llevas todo lo que construimos nuestras esperanzas, recuerdos y sueños todo te lo llevas, sin darte cuenta que mi padre no tenía otro lugar donde construir mi casa.

Le estas sacando lentamente sus cimientos, mojas los pies de mis hermanos y te llevas todas nuestras cosas, las lagrimas de mi madre no se distinguen con la lluvia, porque tu amigo el viento se acaba de llevar parte del techo.

¿Qué quieres que les diga a mis hermanitos? si ellos no entienden las explicaciones de los grandes, lo único que saben es que tienen hambre frio y les chorrea la nariz.

¿Qué quieres que le reclame mis padres? si ellos son víctimas de la hipocresía de este sistema y no tienen condiciones para cambiar nuestra realidad.

¿Cómo quieres que reconstruya mi casa? si mi terreno está inundado y no tengo otro lugar en donde construirla.

¿Cómo quieres que tenga esperanzas? si ellas también fueron arrastradas por corrientes de otros ríos que también subieron a otras construcciones que tenía en mi alma que quedaron peor que mi casa.

¿Cómo quieres que te defienda NATURALEZA? si tu solo desquitas tu ira con los pobres y no con las verdaderas personas que te están destruyendo.

Héctor Marín

lunes, 4 de julio de 2011

Signos y Señales


Una humanidad que pierde el humanismo
Una enfermedad que no tiene ya cura
Un ser omnipotente y omnipresente  se suma
Y una persona que intenta ser procura

Un indocumentado que no existe
Y un mayor engaño que el pasado
Y una verdad a punto de desistir
 Nada más que un mundo aprisionado

Y nada más que tus ojos, tus mejillas
Y una sonrisa que alivia la tarea
De ser cada vez más humanos los humanos

Y despedirse de la gran hipocresía
De rendir pleitesía al corrupto vende patria
Y ¡liberarse de una vez y para siempre!

Ernesto R. Centurión

Solo dolor


No veas mis ojos por un largo instante,
querran atraparte en su vacío...Ellos no pueden ver los
tuyos sin ganas de entregarse, a tu mirada doliente,
a tus pupilas desoladas.


Si pudieras oír las notas que resuenan en mi alma,
podrás quizás comprender por qué mis ojos se opacan.
Si sentir puedes la lava que recorre mis entrañas,
podrás también comprender por qué sufro esta nostalgia.


No consigo hallar las venas por donde transitan lágrimas,
que brotan nefastamente, más lágrimas, solo lágrimas.
Solo hay dolor en mi pecho,
un alhajero que sangra,
un gorrión desorientado...
un puñal que hiere y mata.

Jorge Leguizamón

Ineludible

Para no hallarte quise dejar pasar el tiempo,
pero el tiempo madrugó,
y allí apareciste de mi eterno sueño,
envuelta en mil hojas de color marrón.


Para no oírte grite en el silencio,
pero en m i silencio tu voz irrumpió,
y en las dulces notas de aquella cítara,
tu agudo susurro me ruborizó.


Para no mirarte me vendé los ojos,
más tu fuerte imagen allí se adentro,
y mis dos pupilas ahogadas en llanto,
férvidas cayeron en tu fiel crisol.

Para no hablarte censuré mi boca,
más en tu presencia mi voz afloró,
y no dije nada porque mis gemidos,
al ser desatados clamaron amor.


Para ya no amarte intente olvidarte,
más la retahílas acometieron mi mente,
inane quede deseando tu cuerpo,
sumido de nuevo ante tu iniquidad.

Jorge Leguizamón

domingo, 3 de julio de 2011

Siete de mentes


Hay la primera, cruel como una primavera
Sentimiento se llama, genera guerras
Promete crecer, cuando la muerte espera

La reina segunda, su nombre niega
Sonrisa y rostro, juegos de piezas
Que aunque no quiera, envidia toda llena

Recia sola queda tercera, del destino de muchos la final recta
La soledad, castigo también la llaman
Porque cuando todos se van, solo ella queda

Cuarta llega, el son de vida, cuando la soledad se termina
De a dos el mundo va uniendo, como llaman a este señor
Que todo puede terminar, pero ninguno solo queda

De que se queja, la deja quinta, reina de pobres
Esperanza reina fija, su nombre todo significa
Cuando el abandono a muchos llega

La sexta, un supremo aprendizaje al que al mayor tiempo
Siempre llega, solo dolor causa, aunque muchos a el
Se entregan, inconciente de que lo malo a nada lleva

Del pensamiento profundo nace una idea, traición a la vida
Siete cierra de mente y otro quizá llena de ilusión, envidia,
Soledad, amor, esperanza, odio y venganza que mucho llena

Todo se olvida
Toda lástima
Y solo la muerte
Todo termina

Silvia R. Miranda Benítez

sábado, 2 de julio de 2011

La ceguera de tu visión


Si alguna vez tus ojos pueden traspasar la neblina que obstaculizan su visión, podrás ver el interior de este hombre y sabrás que tu mirada es para mi el cuarto menguante de la luna después de un día lluvioso.
Si me preguntas si tengo esperanzas te diré que creo que algún día en los arroyos de mi pueblo correrá la misma agua que corre en el de los oligarcas, en su mesa se servirá el mejor pan y no habrá ricos ni pobres, pero siempre existirán los pobres de amor como en este momento lo soy yo.
Si superan la miopía del mundo físico, sabrás que en mi corazón hay un Bañado Sur, una Chacarita, una Villa, una Favela, que existen niños hambrientos que te observan como si fueras un pastel detrás de una vitrina, como a un juguete que un niño rico rechazó, como un analfabeto observa una película extranjera subtitulada, como una madre soltera adolecente observa a unos estudiantes en el colegio.
Si se escapan del humo enceguecedor podrás ver lo hermoso del gris el blanco en el negro, la luz en la oscuridad, la flor en la deforestación, el agua en el desierto la sabiduría en la inocencia.
Si quieres vivir en mi pobreza  te la daría para que cuando vivas en ella te pueda cuidar, como una madre pobre  cuida las ropas de sus hijos cuando las lava, como un viejo jubilado cuida sus ahorros, como mi padre cuida las flores de los jardines de sus patrones para darnos de comer, como yo cuidaba el trompo araza que me dio mi madre con el poco dinero que le sobraba.

Héctor Marín